Una tarde en el hotel Marigold

Hace pocos días una típica tarde gris me llevó a refugiarme en una sala de cine. Llegué a la taquilla sin la menor idea de qué película podría ver y así me convertí en espectadora de El exótico hotel Marigold 2. El nombre no me dijo nada, pero acepté por horario y porque esa tarde gris era mejor arriesgarse a ver una película desconocida que pedir un taxi en una lluviosa Bogotá. Fue una cita a ciegas.

No soy crítica de cine por lo que me referiré exclusivamente a mi percepción personal de la cinta. Sin ser experta en guiones, fotografía, ni bandas sonoras me gustó. Una historia central sin muchos adornos que inicia en Estados Unidos y luego se desarrolla en Jaipur. Una película que nos lleva de manera muy cuidadosa a una India contemporánea llena de contrastes pero ajena a fanatismos. Un fino sentido del humor que integra británicos e indios en armoniosa conciliación cultural. Un espacio de convivencia de personas mayores que decidieron ir a pasar sus últimos años en un mundo que les era ajeno pero que al final hacen suyo.

Por otro lado, pienso, la cinta no hace alardes de India moderna o la India milenaria. Creo que es una India común, la de las calles polvorientas, el caos vehicular de los Rickshaws (triciclos motorizados), las vacas sagradas y basura en los andenes. La India de contrastes, la de ricos y la de pobres.

Desde el punto de vista de Inteligencia Cultural, hay varios puntos que expone la cinta. Uno de ellos es la conciliación cultural, es decir la integración de culturas disímiles de manera respetuosa reflejada en la manera de vestir, alimentación, tradiciones y enseñanzas mutuas.

No basta únicamente el conocimiento y llenarnos de datos geográficos, históricos y socio-demográficos. Para ser culturalmente inteligentes se necesita una debida aprehensión del conocimiento y ante todo poder manejar nuestro comportamiento cuando nos encontramos fuera de nuestra zona de confort.

Nos separan más de dieciséis mil kilómetros de distancia, el doble que nos separa de España y casi tres veces la distancia con California. Nos separan los kilómetros pero aún más el desconocimiento que se deriva de nuestras geografías. Sabemos poco de lo que allá sucede y viceversa. De lo anterior se deriva el riesgo de la desinformación, y también la gran responsabilidad de transmitir un mensaje claro y objetivo del otro mundo.

Decir que India está de moda sonaría a un flojo cliché. India siempre ha sido y simplemente es. Es un subcontinente con diversidad religiosa que alberga hindúes, cristianos, panjabis y otros más; donde conviven el hindi, el inglés, el tamil, bengalí y más idiomas; un país ricamente multicultural y heterogéneo.

Sin duda habrá siempre mucho que comentar y disentir. Es parte de la exposición a valores de culturas tan contrastantes. En esta interacción nos enfrentamos a dos circunstancias que se presentan iguales y no lo son. Una es el “shock” y la otra el “choque” cultural.

El shock es meramente individual. No todos nos sentimos igual frente a las mismas circunstancias. El choque es el que involucra a otro u otros seres humanos que son diferentes a nosotros mismos. Cuando decimos diferentes, quiere decir que sus valores y creencias difieren de los nuestros, no necesariamente de países diferentes. Hay tanto choque cultural entre un pastuso y un paisa o sueco; como entre un bogotano y un indio de Chennai.

A quienes puedan verla, recomiendo la película El Exótico Hotel Marigold2 y estarán por dos horas riendo y aprendiendo un poco más de India. Por lo demás, estaré viendo con curiosidad suprema las aventuras de Margarita Rosa en el Desafío India 2015. Ya les contaré.

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