Las ideas del maestro Vivekananda

Conferencia Internacional sobre S. Vivekananda (Buenos Aires – Oct. 13) Por. Germán Puyana Garcia.

Sres. Directivos de la Universidad Abierta Interamericana de Buenos Aires. Sr. Embajador de la India en Argentina, Sres. directivos del Consejo de Relaciones Culturales de la India, Sres. organizadores de la Conferencia Internacional sobre Vivekananda, Sres. Profesores de la Cátedra de Estudios Indorientales de la Universidad Interamericana, colegas expositores, señoras y señores:

Cada vez que tengo la oportunidad de hablar sobre la India, hoy en particular sobre su alma, encarnada en el maestro Vivekananda, me acomete un sentimiento contradictorio. Por una parte, la satisfacción de contribuir así sea con un pequeñísimo grano de arena a la construcción del diálogo entre Oriente y Occidente, en torno a la figura de Vivekananda, más allá, mucho más allá, de los temas de globalización del mercado, la economía o de tecnología, para hacerlo en los campos de la espiritualidad, la religión y la ética y hacerlo desde aquí, desde esta gran ciudad, donde me formé profesionalmente y pasé la segunda etapa más feliz de la vida: la juventud!.

Por otra parte, sin embargo, me abruma la sensación -impuesta por las limitaciones de tiempo- de ser muy breve e incurrir por tanto en la superficialidad y las omisiones pues tratándose de la milenaria India, todo es tan vasto y tan profundo que hace muy difícil la tarea, como la de quien intenta describir el mar, mostrando apenas una gota de agua en su mano.

Pero esta circunstancia -Uds. la saben y comprenden- resulta inescapable! Así que, entremos en materia: Narendra Nat Datta vió su primera luz en Calcutta (India) en 1853.

Sin embargo Swami Vivekananda, nació realmente para el mundo -y aún permanece hoy entre nosotros, gracias sus ideas- en Chicago en 1893, en el Primer Parlamento Mundial de las Religiones, cuando deslumbró su auditorio al pronunciar aquellas bellísimas palabras que si bien quedaron para la historia, aún siguen vivas y vigentes hoy para la humanidad.

Como marco de referencia de esta asamblea, recordemos entonces cuando dijo:

“Hermanas y hermanos de América.

“Mi corazón se llena de una alegría indescriptible en respuesta a las calurosas y cordiales bienvenidas que nos han dado. Os agradezco en nombre de la más antigua orden de monjes del mundo, os agradezco en nombre de la madre de las religiones y en nombre de los millones y millones de seres de todas las clases y sectas”.

“Agradezco también a los oradores de esta tribuna que, al referirse a los delegados de Oriente, dejaron también que esos hombres de lejanos países, puedan reclamar para sí el honor de llevar a toda la tierra la idea de la tolerancia”.

“Me siento orgulloso de pertenecer a una religión que ha enseñado al mundo no solo la idea de la tolerancia, sino la aceptación de todos los credos religiosos. No solo al menos en la tolerancia, sino que aceptamos como verdaderas, todas las religiones”.

“Estoy orgulloso de pertenecer a una nación que dio hospitalidad a los perseguidos y a los refugiados de todas las religiones y de todas las naciones de la tierra. Me enorgullece poder decir que hemos abrigado en nuestro suelo los restos más puros de los israelitas que llegaron al sur de la India y se refugiaron entre nosotros en el mismo año que sus santos templos fueron destruidos por la tiranía de los romanos, me siento orgulloso también de pertenecer a una religión que amparó y ampara los remanentes de la gran nación zoroastriana”.

“Citaré, hermanos míos, algunas líneas de un himno que recuerdo porque lo he repetido desde la infancia y que todos los días repiten millones de seres humanos”.

Los diferentes ríos tienen sus fuentes en diversos lugares y
vierten todas sus aguas en el mar, ¡Oh Señor!, los distintos
caminos que los hombres toman por diferentes tendencias, por
diversas que parezcan, tortuosas o rectas, conducen a Ti

“La presente convención una de las más angustas que jamás se constituyó es, en sí misma, una justificación, una declaración al mundo de la maravillosa doctrina predicada en el Gita”.

Cualquiera que se dirija a Tí, por el camino que sea, yo llego a él.
Todos los hombres luchan en caminos que, finalmente,
conducen a Mí

“El sectarismo, la intolerancia y su horrible descendiente, el fanatismo, se apoderaron hace tiempo de este hermoso planeta. Sembraron la tierra con violencia, regando con frecuencia sangre humana, destruyeron la civilización y llevaron a la desesperanza a naciones enteras. Si no fuese por esos horribles demonios, la sociedad humana estaría mucho más adelantada de lo que está hoy”.

“Pero su hora de aproxima, espero, fervorosamente que la campana que sonó esta mañana en honor de esta convención sea el toque fúnebre que anuncie la muerte de todo fanatismo, de todas las persecuciones con la espada y con la pluma, como de todos los sentimientos poco carismáticos entre personas que siguen su camino en busca de un mismo fin”.

Las ideas del maestro Vivekananda, los principios y valores universales de unidad y de verdad, según lo afirmó, subyacen en los mayores credos religiosos, sin importar que los desconozcan los más ortodoxos, los fundamentalistas extremos que actúan como exclusivistas de Dios, los ignorantes que nada saben de tales ideas o los indiferentes, a quienes no inquietan sus mentes ni conmueven sus corazones, tienen hoy sin embargo vigencia en elevados círculos intelectuales y religiosos,

Como una prueba de ello, el pensamiento y la obra del teólogo Hans Kung, con su propuesta de una ética global, tanto para los religiones como para el humanismo secular, fue formulada, precisamente, en el primer centenario del Parlamento de Chicago en 1993, durante el Segundo Parlamento de las Religiones del Mundo, realizado en esa ciudad.

Entonces cabe de preguntarnos: ¿Qué nos queda hoy como legado del maestro Vivekananda?

En ese mismo escenario, el más célebre de los teólogos modernos formuló su declaración sobre la ética universal que, de hecho, comparten los mayores sistemas religiosos que se construyen con fundamento en la regla de oro:
“No hagas a otros lo que no desees para ti”, implementando en cuatro principios universales incuestionables:

“No matarás”, “No robarás”, “No mentirás”, “No cometerás
inmoralidades sexuales”.

Por ello, pretender hablar hoy de una única religión verdadera, negando, excluyendo y hasta estigmatizando las demás, carece de sentido tanto como sostener que sólo existe un idioma verdadero, ya que, así como todas las lenguas permiten comunicarse a los seres humanos, todos los cultos religiosos, a su manera, permiten al hombre comunicarse con el Principio Supremo, origen y fin de todo lo que existe.

Debo declarar sin embargo, que ignoro el eventual influjo que tuvo o pudo tener nuestro pensador indio en el del teólogo suizo, pero lo cierto es que las ideas que éste ha desarrollado en el panorama mundial, coinciden en el fondo, aunque amplían y profundizan las del primero, si bien hay que reconocer que puede existir una ética secular, o sea sin carácter religioso, no es posible en cambio concebir una religión sin ética, ya que ésta, que a su vez, en el concierto universal, debe trascender el campo de las religiones, tiene sus cimientos profundos en ellas. Al punto que Kung sostiene que:

-No habrá paz entre las naciones sin paz entre las religiones
-No habrá paz entre las religiones sin diálogo entre ellas
-No habrá paz entre las religiones sin unos estándares éticos globales
-No habrá supervivencia de la paz y la justicia en nuestro mundo globalizado sin un nuevo paradigma de las relaciones internacionales fundado en estándares éticos globales.

Como podemos ver, estos dos grandes pensadores, tan distanciados por la geografía, la cultura, las creencias religiosas y por el considerable lapso de un siglo, se aproximan sin embargo al compartir, en el fondo sus puntos de vista y concluir en la promoción de los paradigmas de espiritualidad y pensamiento positivo en el hombre, en un mundo rabiosamente materialista como el de hoy que endiosa el dinero y aunque haya terminado por enriquecer a algunos humanísticamente ha embrutecido a muchos.

Por otra parte, aunque Vivekananda afirma el carácter divino y perfecto del ser humano yo -que personalmente discrepo de estos postulados- reconozco desde luego, que el hombre es perfectible y, siguiendo el modelo del Ser Supremo de su devoción y el respeto a los principios éticos fundamentales que comparten los credos religiosos, habría de progresar sin duda, en el camino de perfeccionarse a sí mismo y con ello contribuir a hacer mejor el mundo.

Pero en cuanto a Swami Vivekananda y esta es la idea central en torno a la que deseo hacer girar mi interpretación de su legado y su vigencia, quiero destacar que el alma de la India, impregnó este predilecto hijo suyo y lo inspiró, no solo en cuanto a las ideas superiores del Vedanta -las raíces más puras del Sanatana Dharma que en Occidente llamamos hinduismo, sino en otros cultos religiosos que también tienen su cuna en India.

Así, el jainismo, uno de los más antiguos credos de la historia, aunque virtualmente desconocido entre nosotros, pero reconocido por el Primer Parlamento de las Religiones, como a uno de los mayores del mundo, con su idea de la renuncia a creer en un Dios justiciero que juzga, premia y castiga, pues sus seguidores afirman, en cambio, que el hombre se salva o se pierde por sí mismo.

La idea de que la liberación, ojalá total, de las normas morales de un culto con que hoy se asedia al cristianismo romano en la persona del Papa, sea indispensable para que el catolicismo no se siga reduciendo y eventualmente se extinga, ya que el jainismo se mantiene vivo y vigente hoy a pesar de imponer a sus devotos las normas ascéticas más extremas de culto alguno sobre la tierra.

El principio jaína de que no hay una verdad única y absoluta (salvo en el campo de las ciencias exactas) y que cada quien puede tener y vivir su verdad sin que la del otro sea, necesariamente, un fatal error o una perversa mentira, idea ésta que incita a reflexionar sobre la ciega creencia que los occidentales solemos tener de que la verdad propia es la única convicción que aún hoy alimenta los funestos fundamentalismos y, fanatismos religiosos que han enfrentado y enfrentan a los hombres y causan tanta muerte, destrucción y sufrimiento a la humanidad.

Del budismo una filosofía de vida y/o una religión no teística, podrían destacarse:

-La norma suprema de la compasión por todos los seres sintientes, por lo cual, causarles sufrimientos -así no se trate de seres humanos- constituye una carga moral en la senda que conduce a la liberación del alma y a la iluminación: el nirvana.

-La conciencia encarnada en el emperador Ashoka el gran promotor que difundió al mundo los ideales budistas y dio el ejemplo de que un acto que dañe a alguien no se resuelve sólo con pronunciar la palabra “perdón” -así sea sincera- sino que implica una reparación satisfactoria de la víctima.

-La afirmación de la intrascendencia y la fugacidad de la vida humana que bien podría de pronto inspirar (¡seamos optimistas!) a quienes sueñan con el único ideal de conseguir y acumular riquezas sin término ni sentido, rindiendo así adoración al supremo dios del dinero que ha sido entronizado por buena parte del mundo postmoderno.

Del sikhismo, la más joven de todas las religiones indias, podíamos relievar.

-La concepción de Dios sin darle un nombre, pues sus seguidores lo distinguen sólo por sus atributos: sin forma, eterno e inefable, el mismo y único para todos los hombres de fé , pero que éstos, por razón de su cultura, tradición, sensibilidad, mentalidad y otros tantos factores, llaman y veneran de modos muy diferentes.

-La concepción y la práctica social de la esencial igualdad del hombre y la mujer que los hace seres humanos equivalentes, no sujetos a ninguna injusta jerarquización social.

-El concepto de que el diálogo directo del hombre con el Ser Supremo, no hace indispensable el papel de los intermediarios en esta relación.

En fin, me haría interminable para expones otras muchas de las facetas del alma de la India, implícitas o expresas en el pensamiento del Maestro Vivekananda que impregnaron su espíritu, inspiraron su mensaje y están vigentes hoy, que yo he querido destacar, más que concentrarme específicamente en sus datos biográficos, los rasgos de su carácter y los elementos de su ideario personal, que habrán de relievar otros expositores que conmigo, comparten el honor y el compromiso de dirigirnos a Uds. desde esta tribuna.

Invoquemos pues finalmente, el espíritu de convivencia, de paz y de tolerancia, presentes en el pensamiento del maestro Vivekananda y proyectados luminosamente al mundo en Chicago en 1893, para que algún día se haga universal el pensamiento de unidad en el sentido de una ética universal compartida por los credos religiosos y un diálogo animado por el espíritu de la fraternidad, compartiendo y afirmando los principios y valores comunes a todos los sistemas confesionales más allá y por encima de las creencias, doctrinas y prácticas diferentes que nos distinguen unos de otros y que, de seguro, nos seguirán distinguiendo.

No se trata de convertir a nadie, tal como lo señaló el maestro, sino de converger todos en los principios de una ética universal, justo en esta época en que tanto se habla y promueve la globalización del mundo, pero hacerlo más allá de la tecnología, la economía y las comunicaciones, realizándola también en términos de una cultura de ética básica y generalizada que haga mejor nuestras vidas en el planeta tierra y nos comprometa a todos en la gran empresa de cuidarlo.

Así, en el marco de esa fraternidad religiosa ecuánine que comparte los principios de una ética universal, algún día, ojalá así lo quiera ese Ser Supremo, que muchos llamamos Dios -pero que en últimas tiene que ser el mismo para todos- un día ojalá no lejano los judíos, sintamos como hermanos y hermanas y así los llamemos -antes que gentiles o goyim- a quienes en pos del bien lo buscan por caminos distintos a los nuestros.

Un día, ojalá no lejano, en que los musulmanes sintamos como hermanos y hermanas y así los llamemos -antes que infieles- a quienes, en pos del bien buscan a Dios por caminos distintos a los nuestros.

Un día, en que los cristianos sintamos como hermanos y hermanas y así los llamemos -antes que extraviados, herejes o paganos- a quienes en pos del bien buscan a Dios por caminos distintos a los nuestros.

Un día finalmente, en que también a los ateos o agnósticos los sintamos y los llamemos hermanos y hermanas -antes que ellos nos llamen creyentes ilusos- pues no pensamos que el cosmos sea un mero resultado fortuito del azar o cuya causa última está más allá del alcance de nuestra mente.

Reconozcamos que ese ideal, puede ser una utopía, pero jamás una quimera como lo han demostrado tántos otros maestros y guías espirituales que hicieron realidad sus sueños para hacer mejor el mundo, así que, unámonos todos para alcanzar esta meta superior que soñó también Vivekananda!

¡Muchas gracias a Uds.!

Germán Puyana (Colombia)

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