Avatara Hindú y Encarnación Cristiana: Una comparación. Parte 4.

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¿Un solo avat¯ara?

Por lo que respecta al hinduismo, hay una cierta proporción de singularidad implícita en la creencia en uno u otro avat¯ara considerado como Ser Supremo (por ejemplo Krna o Râma), y también en la tradición, entre algunos hindúes, de sólo un avat¯ara apareciendo en cada era o yuga. Uno podría pensar que la repetición frecuente de avat¯aras y especialmente la extensión del concepto a cada criatura puede mermar el significado teológico de la doctrina, pero sirve también para destacar la providencia de Dios y su divina presencia en todas las criaturas. Esto tiene que ser considerado conjuntamente con la visión cósmica, opuesta a la cosmovisión lineal, histórica y antropocéntrica del cristianismo. En la visión cósmica, todo está impregnado por la divinidad, y así percibimos repetidamente y en diferentes momentos las manifestaciones divinas. En el cristianismo, por otra parte, el énfasis se pone en la transcendencia divina y, por esta razón, se subraya el carácter único de la intervención de Cristo, que es el único mediador.

Avat¯aras y encarnación: realidad y perfección

Los avat¯aras vaisnava y la encarnación cristiana son reales. Pero, mientras los primeros son perfectos, ésta es imperfecta. En el vaisnavismo los avat¯aras son reales y absolutamente perfectos, mientras que en el cristianismo Cristo es también real, pero imperfecto; es decir tiene imperfecciones humanas, excepto el pecado. En contraste con el Advaita, los teólogos vaisnavitas sostienen que los avat¯aras son reales. Algunos teólogos cristianos en India han afirmado que en el hinduismo los avat¯aras no son reales. Algunos también han considerado que las formas avat¯aras hindúes son aparentes, como la encarnación en el docetismo. Concluyen erróneamente que, ya que los avat¯aras no son defectuosos, son apariciones irreales. Esto no es verdad en el caso del vaisnavismo pero es aplicable, por ejemplo, a la tradición Advaita. Râmânuja y otros vaisnavitas sostienen que los avat¯aras son reales. Râmânuja menciona explícitamente la realidad (satyatva, yâthâtmya) del nacimiento y del cuerpo de Krsna.

La corriente principal del cristianismo considera a Cristo como realmente humano, pero hay una diferencia. De acuerdo con los vaisnavitas, aunque los avat¯aras sean reales, no tienen defectos, ya que es imposible para Dios ser imperfecto. Esto forma parte del misterio de la encarnación en el cristianismo: cómo Dios puede ser a la vez perfecto (en tanto que divino) e imperfecto (en tanto que humano). Hemos visto más arriba que en el Gîtâ, el avat¯ara tiene que ser imperfecto, ya que su cuerpo está hecho de materia natural imperfecta. No obstante, esta limitación no es plenamente idéntica a la de los seres humanos ordinarios, ya que Krsna, a diferencia de los humanos, no está sujeto al Karma y recuerda sus nacimientos pasados; en otras palabras, mantiene su trascendencia y su libertad tal y como Cristo lo hace. De todas maneras, a diferencia del caso de Cristo, la identidad divina de Krsna no está unida hipostáticamente con la materia natural, ya que en el hinduismo no hay unión substancial entre la naturaleza espiritual (purusa) y la material (prakrti). Por esta razón, la unión con la materia natural «no es hipostática, sino manifestativa o como máximo instrumental». Además, Krsna asume la naturaleza material (prakrti), pero no tiene alma humana como es el caso de Cristo. Evidentemente, dado que en la concepción hindú no hay una unión sustancial entre purusa y prakrti ni en el caso de seres humanos ordinarios, no se puede esperar tampoco que una tal unión se dé entre el divino purusa de Krsna y prakrti. Por otra parte, esta prakrti en el Gîtâ, paradójicamente, no está tan inconexa con Krsna como lo está en el caso de seres humanos ordinarios ya que ella, conjuntamente con las almas, es parte de Krsna incluso antes de que se convierta en ava-t¯ara.

En la teología vaisnavita posterior, las formas o los cuerpos de los avat¯aras están hechos de «pura materia» (suddha-sattva), que consiste en seis gunas perfectas o transcendentales, no de materia prakrtic, que consiste en las tres gunas imperfectas. Esta idea de «pura materia» (suddha-sattva) parece haber tenido su origen en la tradición Pâñcarâtra, que llegó a su apogeo entre los años 600 y 800 d. JC. Desde el momento que los avat¯aras consisten en «pura materia» es que son perfectos. Por otra parte, Cristo está sujeto al hambre, a la sed, al sufrimiento etc. ya que no tiene sólo la naturaleza divina sino también la imperfecta naturaleza humana. En efecto, hay que subrayar que, en el cristianismo, Cristo trae la redención no sólo a través de su encarnación sino también a través de su sufrimiento y su muerte y, naturalmente, a través de su resurrección. El poder eficaz de salvación de Jesús depende de la encarnación, se revela en su doctrina y en sus actos y es llevado a la plenitud en su muerte y resurrección. Mientras que toda la vida de Jesús es salvífica, la culminación [de este poder] es el misterio Pascual, su muerte y resurrección. Una vez puesta la actividad salvífica de Cristo en perspectiva, subrayo que, en contraste con la concepción del avat¯ara y en contraste con muchas otras religiones, Cristo es un salvador que sufre. La «locura de la cruz» o el «escándalo de la cruz» son específicamente cristianos.

Jesucristo, divino y humano, perfecto e imperfecto

El misterio de la encarnación consiste específicamente en cómo la misma persona puede ser a la vez divina y humana, perfecta e imperfecta. Tendríamos que destacar que textos hindúes antiguos como Râmâyana parecen describir de una manera muy realista la experiencia humana avat¯ara, por ejemplo, el dolor de la separación que siente Râma con respecto a Sitâ. De todas maneras, textos posteriores, y especialmente los de los teólogos vaisnavitas, afirman que el hambre, la sed, el dolor etc., en el caso de avat¯aras, son sólo apariencias; generan devoción amorosa en los devotos pero no son reales. De ahí que cuando Krsna pida leche, por ejemplo, no se deba a que esté hambriento, sino para ayudar a su madre Yasodâ a tener la experiencia de un amor maternal hacia él. De forma parecida, la muerte de Krsna, narrada por ejemplo en el Mausalaparvan del Mahâbhârata, es justificada hábilmente por parte de algunos textos posteriores y de algunos comentaristas. Por ejemplo, Vâdirâja, en su glosa de 16.8.31, que alude a la cremación del cuerpo de Krsna, afirma categóricamente que, antes de subir al cielo, Krsna creó un cuerpo artificial con el fin de engañar a la gente, ya que su cuerpo real no podía ser quemado. En la narración de la muerte de Krsna como resultado de haber sido equivocadamente abatido por Jarâ («Edad Antigua»), el Visnu Purâna y más aún el Bhagavatha Purâna muestran cómo Krsna controla completamente la situación. Bhagavatha Purâna 11.31.6 explícitamente afirma que Krsna entró en su propia estancia sin quemar su cuerpo. Diferentes comentaristas, en su explicación de la Bhagavatha Purâna 11.30 y 31 se esfuerzan por mostrar que Krsna no murió.

En el caso de Cristo, no obstante, debería destacarse que, a pesar de sus imperfecciones, no tiene la tara del pecado (Hb 4, 15). Además, a diferencia de los hombres, es capaz de hacer milagros tanto en referencia a sí mismo como a otros. Después de su resurrección no está ya sujeto a las necesidades humanas, aunque retenga su naturaleza humana. En la teología católica, María, la Madre de Jesús, es concebida sin pecado original aunque sea una criatura, un ser humano; ella es real, pero no tiene el defecto del pecado original. Estos ejemplos ayudarían a los cristianos a apreciar la doctrina de los vaisnavitas que los avat¯aras son reales pero no tienen ninguna mácula. Así como Cristo puede ser real y a pesar de ello no tener ciertos defectos, ¿por qué no se podría concebir un Dios que tuviese una forma encarnada real y que a pesar de ello estuviese libre, no sólo de pecado, sino también de toda

imperfección? Por esta razón podemos decir que incluso en el cristianismo es concebible la existencia de una encarnación que, como en el hinduismo, tenga una forma real pero sin que por ello tenga defectos. De todas maneras, el hecho es que, de acuerdo con el cristianismo, Cristo tiene imperfecciones. Esta verdad, en un cierto sentido, permite que los devotos se sientan más próximos a Cristo, que ha compartido la debilidad de su naturaleza humana (Hb 4,15): «y ha habitado entre nosotros» (Jo 1,14).

La distinción entre real e histórico

En este contexto de «real y perfecto» versus «real e imperfecto», tenemos que distinguir entre «real» e «histórico». Un ser histórico está sujeto al tiempo. De ahí que para los teístas, Dios, como tal, sea real pero no sea histórico. Los no hindúes puede que consideren algunos avat¯aras como míticos y otros, como Râma o Krsna o, especialmente, Gautama Buddha y otros como avat¯aras históricos. De todas maneras, con independencia de lo que diga la historia secular de estos seres «históricos», para los teólogos vaisnavitas son todos reales pero no históricos; esto es, no están sujetos a imperfecciones como el tiempo, el hambre, la sed, etc. En este sentido, para un judío, Yahvéh es real pero no histórico; y para un cristiano, la primera persona y la tercera persona de la Trinidad son reales pero no históricas, mientras que Cristo es tan real como histórico. Es importante tener en cuenta esta distinción, porque cuando los cristianos preguntan si Krsna es histórico, parece a veces que se esconda una suposición en la misma pregunta, esto es: que Cristo es histórico y por lo tanto real, mientras que Krsna no es histórico y por lo tanto no real. De hecho, preguntar si Krsna es histórico es una pregunta sin sentido para un vaisnavita: para un avat¯ara es simplemente imposible ser histórico. Según los vaisnavitas los avat¯aras se manifiestan realmente a sí mismos en momentos y en lugares definidos y realmente llevan a cabo diferentes actos, pero no todas sus acciones pueden ser tomadas en un sentido literal. Por ejemplo, ya hemos visto cómo es hábilmente justificada la muerte de Krsna.

Quisiera subrayar que la comprensión hindú de que el avat¯ara no tiene defectosestá también asociada a la idea de un ser humano que esencialmente sólo es espíritu o alma. Pero un ser humano no es sólo alma y cuerpo; es sólo a través de la ignorancia (avidyâ) que el alma queda asociada a un cuerpo. En el hinduismo, el alma misma no tiene ni principio ni final, y no obstante, según las escuelas teístas, comparada con Dios es limitada; no puede sufrir hambre, sed, etc. Experimenta estas debilidades sólo a raíz de su falsa identificación con el cuerpo. En el cristianismo, por otra parte, un ser humano es a la vez alma y cuerpo; la materia es una parte esencial del ser humano. En este sentido se da mucha más importancia a la materia que en el hinduismo. Por esta razón, el cristianismo no tiene ningún inconveniente en admitir las imperfecciones de Cristo, que es humano, aunque divino. De manera parecida, en el hinduismo, si los avat¯ara fuesen limitados, sería debido al hecho de que su ser está ligado por sus actos pasados (karman), basados en la ignorancia (avidyâ). De esta manera vemos que hasta cierto punto son nuestras presuposiciones las que determinan nuestras ideas.

Incluso un avat¯ara parcial es perfecto. En este contexto sería conveniente destacar que mientras en el vaisnavismo hay avat¯aras parciales y completos, Cristo no ha sido nunca concebido como una encarnación parcial. En el vaisnavismo tenemos no sólo avat¯aras parciales, tenemos también descendimientos de partes de Dios o incluso de las armas de Dios. En el cristianismo algo así es impensable. A. J. Appasamy piensa que la razón es que un Espíritu no puede estar dividido en secciones – sólo las cosas
físicas pueden ser divididas en partes diferentes– mientras que Julius Lipner, refiriéndose al teólogo cristiano Hebblethwaite, opina que podría ser debido a que la intervención única e irrepetible de la encarnación es la única manifestación humana de Dios. Incluso cuando en la eucaristía se fragmenta la sagrada forma, la totalidad de Cristo está presente en cada una de las partes. La revelación completa y plena no se puede fragmentar.

En el caso de un Arcavat¯ara, es decir, un descendimiento de Visnu en la imagen consagrada dedicada al culto (arcâ), se puede concluir que mientras Visnu entra en la imagen con un cuerpo divino hecho de una perfecta «materia pura» (suddha-sattva), la imagen misma sigue siendo materia imperfecta (prakrti). Notemos, por cierto, que la presencia de Jesucristo en la eucaristía no es considerada una encarnación.

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